Sí, y de hecho esta estrategia de defensa es un tanto completa. Este extraño animal, al sentirse atrapado o amenazado
reacciona inmediatamente tragando agua con lo que aumenta su volumen considerablemente hasta convertirse en una pelota.
En este estado difícilmente pueda entrar en la boca de un predador. Pero, aún si éste lo tragara antes de que llegue a
inflarse pagará con su vida la osadía ya que la carne del pez globo contiene un veneno mortal llamado tetrodotoxina.
Lamentablemente este completo método de defensa no les evita ser las víctimas de los seres humanos.
Al ser sacado del agua el pez globo se infla ya que tiene la misma capacidad para tragar aire que agua. Expuestos al sol se
secan conservando la forma redondeada y una vez secos se los utiliza como adorno. En China son muy populares ya que, una vez
secos, se les introduce por la boca una bombilla eléctrica convirtiéndolos en “lámparas de pez globo” a las que cuelgan de
los techos. A pesar del veneno mortal estos peces son comidos con gran placer en el Japón. Con ellos se prepara el “Fugu”. Un
cocinero necesita poseer un certificado de una escuela especial en la que se enseña a preparar el Fugu. La intoxicación como
resultado de comer pez globo mal preparado es mortal en el sesenta por ciento de los casos. Sin duda alguna un plato de alto
riesgo.
¿Sabías que una niña de 11 años fue quien puso el nombre de Plutón?
Con sólo 11 años sugirió el nombre de Plutón para el recién descubierto noveno planeta en 1930.
Sí, se trata de Venetia Phair, que actualmente cuenta con 87 años de edad, es la única persona en el mundo que puede
asegurarse que le dio el nombre a un planeta (o más bien a uno que fue planeta)
El nombre propuesto por la chica que estudiaba en una escuela de Oxford llegó al Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona,
donde el planeta fue descubierto por un joven astrónomo estadounidense llamado Clyde Tombaugh.
En la mañana del 14 de marzo de 1930, la joven inglesa estaba sentada tomando su desayuno en el salón de su casa donde vivía
con su abuelo Falconer Madan.
El abuelo, que era un bibliotecario retirado de la Biblioteca Bodleiana, estaba junto a ella leyendo el diario The Times.
Cuando encontró el artículo sobre el descubrimiento del planeta en la página 14 se lo dijo a su nieta. La nota mencionaba que
el objeto aún no había sido nombrado, lo que impulsó a la niña a sugerir su propia denominación
El señor Madan estuvo tan impresionado con el nombre Plutón que fue a ver a su amigo Herbert Hall Turner, profesor de
astronomía en la Universidad de Oxford y uno de los líderes en la búsqueda mundial de un mapa astrográfico.
Cuando finalmente Madan logró encontrar a Herbert Hall Turner, el astrónomo estuvo de acuerdo que se trataba de un nombre
excelente y prometió enviar un telegrama al Observatorio Lowell. La niña de Oxford no supo más del tema por un mes.
El primero de mayo de 1930, el nombre de Plutón fue formalmente adoptado. Cuando la noticia se hizo pública, el señor Madan
premió a su nieta con un billete de 5 libras.
En la entrevista que BBC Mundo le hizo: Explico: “Tuve mucha suerte de que el nombre apareció ahí. Casi no había nombres de
la mitología clásica sin utilizar. Si pensé acerca del oscuro y amenazador Hades, no estoy segura”
¿Sabías que los peces también pueden sentir sed?
Sí, los peces de mar pueden sentir sed y deben tomar agua. El mar contiene gran cantidad de sales, con una densidad media de
alrededor de 35 gramos por litro, que al disolverse en el agua se separan y forman iones: de sodio –ión positivo–, de cloruro
–ión negativo–, de magnesio –ión positivo–, etcétera.
Por otra parte el cuerpo de los peces está constituido en su mayor parte de agua, siendo el resto un conjunto de sustancias
orgánicas –proteínas, azúcares y grasas– y también sales, que a su vez también se encuentran en estado iónico disueltas en
los líquidos corporales. Muchos animales marinos poseen una baja concentración de sales en su cuerpo y, por tanto, necesitan
una concentración alta en su entorno para poder sobrevivir.
No obstante, los peces de mar se encuentran frente a un grave problema: el proceso osmótico: Si dos volúmenes de agua con
distintas concentraciones salinas se ponen en contacto, sólo separados por una membrana permeable, el agua del sector con
menos sal comienza a fluir hacia donde se encuentra el agua de mayor densidad. De esta forma, como el agua del mar es
considerablemente más salada que los líquidos del interior de los peces, éstos pierden constantemente agua a través de sus
branquias.
Para evitar morir deshidratado, el pez necesita beber agua, encontrándose con un nuevo inconveniente inherente al medio en el
que habita: la gran cantidad de sal. Afortunadamente, su organismo le concede dos formas de eliminar el aporte excesivo de
sal: la orina y el epitelio branquial.
Se concluye de esto que si el medio en el que estos animales están acostumbrados a vivir cambia radicalmente su salinidad,
probablemente no sobrevivirían demasiado tiempo.
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